La presión sanguínea no es difícil de medir, pero el equipo necesario para realizar mediciones clínicas (estetoscopio, bomba, brazalete, electrónica...) es pesado y engorroso.
Sin embargo se pueden usar medidas indirectas, como la velocidad de la onda de presión que recorre el sistema circulatorio, para llevar a cabo la medida. Philips ha diseñado unos calzoncillos que son capaces de medir el ritmo de esta señal mediante sensores cosidos a la prenda.
Cada sensor mide continuamente la impedancia de la piel, una propiedad que cambia cuando la onda de presión la atraviesa. Un conjunto de dos sensores permite determinar la velocidad del impulso, midiendo el tiempo que éste tarda en llegar de uno a otro, y luego se convierte esta medida en un valor de presión sanguínea.

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