En la industria publicitaria de estos días todo gira alrededor de mediciones: Cuántas personas ven un determinado anuncio, cuándo lo ven, quiénes son. Todo esto es fácil en la Internet, y se está haciendo cada vez más sencillo en televisión y medios gráficos, pero los carteles callejeros son un problema distinto. La mejor estimación puede provenir de un contador de transeúntes, pero aún así no se puede asegurar cuántos de ellos miran un cartel efectivamente.
Algunas empresas (Quividi, TruMedia, etc.) están introduciendo tecnología para la solución de este problema. Están equipando los carteles con pequeñas cámaras que buscan determinar características de los observadores: su sexo, edad aproximada y por cuánto tiempo observan el cartel. Estos detalles son transmitidos a una base de datos central. Las cámaras usan un software que determina que una persona está observando el cartel, luego analizan características faciales (como por ejemplo la altura de los pómulos y la distancia entre la nariz y la barbilla) para determinar el sexo y la edad del observador. Las imágenes no son almacenadas, por lo que la privacidad no es un problema evidente.
El fin último es poder adecuar un aviso publicitario a la persona que lo observa, para mostrar un aviso a una mujer blanca de mediana edad, por ejemplo, y otro diferente a un adolescente asiático.

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